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América: geografía e historia

América: geografía e historia

  • 25 de marzo de 2019

Una de las cinco partes del mundo, que de Norte a Sur constituye un puente terrestre entre los polos. Limita, al Norte, con el océano Glacial Ártico; al Este, con el Atlántico; al Sur, con el Paso de Drake, y al Oeste, con el océano Pacífico.

Geografía de América

Geografía física

Está integrada por dos subcontinentes, Norte y Sur, unidos por América Central y el archipiélago de las Antillas. Las líneas generales de ambas Américas pueden sintetizarse así: una serie de alturas no muy destacadas, al Este, otra de montañas y mesetas elevadas de Norte a Sur, próximas a la costa del Pacífico, y es escenario de gran actividad sísmica; y entre ambas, una zona de grandes llanuras.

En América septentrional, la serie orográfica del Este está constituida por el sistema de los montes Apalaches, que en su parte septentrional enlaza con los montes Laurentinos, en Canadá.

El sistema occidental, que surge en Alaska, dónde se encuentra el monte Mackinley (6.187 m), punto culminante de América del Norte, se bifurca en dos ramas. Su porción oriental es la cordillera de las Montañas Rocosas, que al internarse en México vuelve a dividirse en dos ramas, Sierra Madre Oriental y Sierra Madre Occidental; la porción occidental es la cadena costera del Canadá, que corre cercana al Pacífico y que en EE UU forma la meseta de Columbia, la cordillera de las Cascadas y Sierra Nevada.

En EE UU, entre ambos ejes montañosos, se forman vastas mesetas, como la del Colorado, cuya superficie está cortada por profundos y estrechos cañones. En la parte central de América del Norte se extienden inmensas llanuras. El archipiélago antillano es sumamente montañoso y muchas de sus islas son de origen volcánico.

En América Central, la cordillera de los Andre presenta un gran número de volcanes y de ella se desprenden numerosas sierras. América meridional está atravesada de Sur a Norte por los Andes. En su parte oriental existen dos núcleos montañosos separados por la depresión del Amazonas inferior: el macizo de las Guayanas y la meseta brasileña. La cordillera occidental, continuación del alineamiento volcánico de América Central, constituye el sistema de los Andes, que se subdivide en ramales paralelos.

Sólo en Chile, a partir de la Puna de Atacama, los Andes forman una barrera única, casi infranqueable, donde se encuentra el Aconcagua (6.959 m), el punto más elevado de América. Las llanuras que se extienden entre los dos sistemas son: los Llanos del Orinoco, la depresión del Amazonas, el Gran Chaco y las Pampas.

América septentrional tiene un litoral más recortado que la meridional. Los ríos de la vertiente pacífica son cortos, mientras que los que desembocan en la vertiente atlántica son muy largos y caudalosos. En el Norte destacan el Mississippi-Missouri, el Colorado y Río Grande; en el Sur, el Amazonas, el más caudaloso del mundo, Orinoco y Paraná-Río de la Plata.

Entre EE UU y Canadá se encuentran los Grandes Lagos (Michigan, Superior, Hurón, Erie y Ontario); en América del Sur, el Titicaca es el lago más alto del mundo (3.812 m).

La enorme extensión en latitud de América le procura la serie completa de zonas climáticas, que se repite, en orden inverso, al Norte y al Sur del ecuador. La vegetación es muy variada. Bosques boreales en Canadá y EE UU, praderas en EE UU y Argentina, bosques tropicales en América Central, y bosques ecuatoriales en Brasil, Venezuela, Colombia y las Guayanas.

Geografía humana

La estructura de la población americana se ha formado a partir de las aportaciones de tres grandes contingentes de población: emeríndios, blancos europeos y negros, si bien en la actualidad existe un importante grupo de origen asiático. El sustrato original amerindio es mayoritario en Guatemala, Bolivia, Ecuador y Perú, con un porcentaje de población indígena pura superior al 50%, y muy alto en México (29%).

La población mestiza es mayoritaria en casi todos los países hispanoamericanos. De mayoría blanca son Canadá, EE UU, Argentina, Costa Rica y Uruguay. La población negra es mayoría en Haití y tiene una presencia muy elevada en Brasil, Panamá, Cuba, República Dominicana, Colombia y EE UU.

La inmigración, especialmente blanca, a lo largo de los dos últimos siglos, ha sido muy importante en EE UU, Canadá, Argentina, Brasil. La población se reparte de manera muy desigual: se concentra en las costas y estuarios, con la excepción de México D.F., y disminuye hacia el interior, donde existen verdaderos desiertos demográficos. Aparte de las diversas lenguas aborígenes (esquimal, algoquino, iroqués, uto-azteca, maya, chibcha, quechua, aimará, arahuaco, tupiguaraní), se haba el español en Iberoamérica y Sur de EE UU; inglés, en Canadá, EE UU e Indias Occidenales Británicas; portugués, en Brasil; francés, en Antillas francesas, Haití y Canadá; alemán y danés.

Geografía económica

Es un continente dual, muy desarrollado en la América anglosajona y mucho menos en el resto. Abundan las materias primas vegetales y minerales, pero mientras América del Norte posee una poderosa industria para su transformación, en América del Sur sólo se extrae o produce, pero apenas se elabora.

Extensas regiones del Sur de Canadá, EE UU y la cuenca del Plata (Argentina) se prestan para el cultivo de las gramíneas básicas, por lo que que figuran entre los más importantes países exportadores de trigo, maíz, cebada, centeno y lino. Los países americanos de mayor producción de arroz son Brasil y EE UU; de cacahuete, EE UU, Brasil y Argentina; de soja, EE UU (obtiene más del 50% de la producción mundial); de algodón, EE UU, Brasil, México, Perú y Argentina; de caña de azúcar, Brasil, Cuba, México, EE UU, Argentina y Colombia; de café, Brasil (mayor productor mundial), seguido por Colombia.

El cultivo de tabaco se extiende por casi todo el continente. Asimismo, tienen importancia los cultivos de mandioca, ñame, patata, banana, etc. En América, las zonas boscosas son muy extensas; los bosques más explotados son los de la región de San Lorenzo, de la zona de los Grandes Lagos y de las Montañas Rocosas en el Norte y en Argentina, Brasil, Chile, Venezuela, Perú y Colombia en el Sur.

Por el número de cabezas de bovino sobresalen EE UU, Brasil, Argentina, México, Colombia y Canadá; en ovinos, Argentina, EE UU, Uruguay, Brasil y Perú; en porcinos, EE UU, Brasil, México, Canadá y Argentina; en equinos, Brasil, México, Argentina y EE UU; en caprinos, Brasil, México, Argentina y EE UU.

Perú, con 6.944.000 toneladas en 1991, es el primer país pesquero americano y el cuarto del mundo. Chile (6.003.000 toneladas) y EE UU (5.473.000 toneladas) son respectivamente, el quinto y sexto del mundo en volumen de capturas, EE UU y Canadá poseen importantes producciones de amianto, carbón, cobre, hierro, plomo, cinc, molibdeno, vanadio, mercurio, oro, plata y petróleo. Entre los de América del Sur destacan Bolivia (antimonio), Brasil (magnesio), Chile (cobre), Venezuela (hierro y petróleo), México (plomo, cinc, antimonio, mercurio y plata), Perú (plomo, cinc y plata), Jamaica y Surinam (bauxita) y Colombia (esmeraldas).

El desarrollo industrial difiere grandemente en ambas Américas. La producción industrial de EE UU y Canadá abarca todos los aspectos de la transformación. EE UU es la mayor potencia económica del planeta. Está a la cabeza en sectores clave, como la industria aeroespacial, biotecnología, química y farmacéutica, automovilística, de telecomunicaciones, de ordenadores y de la información.

En América del Sur, las mayores concentraciones industriales se dan en los Estados brasileños de São Paulo y Minas de Gerais, y en Argentina, en el llamado Gran Buenos Aires. En el campo de la industria pesada y de la máquina herramienta destacan países como Venezuela, Colombia, Perú, Argentina, México y Brasil; en el de la industria automotriz, Brasil, Argentina, México, Venezuela y Chile; y en el de la industria química y petroquímica, México, Brasil, Argentina, Perú, Venezuela y Colombia.


Historia de América

América precolombina

El poblamiento de América se produjo por el estrecho e Bering en dos o más oleadas, que se iniciaron hace más de 45.000 años. La historia de la América precolombina se divide en los siguientes periodos:

  • Lítico (40000-6000 a.C.), ocupado por grupos nómadas de cazadores con utensilios líticos.
  • Arcaico (6000-1200 a.C.), caracterizado por la domesticación de plantas autóctonas (maíz, calabaza, patata, mandioca) y por la aparición de la cerámica.
  • Formativo (1200 a.C.- principios de nuestra era), en el que se produce una expansión de la agricultura, comienzan las construcciones de los centros ceremoniales, se especializa el arte y la cerámica, y aparecen culturas como la Olmeca o la de Chavín, en Chavín de Huantar.
  • Clásico (I d.C-900), momento de culminación de las grandes culturas precolombianas. Posclásico (900-1500), caracterizado por la creciente militarización de las sociedades y la llegada de nuevos pueblos procedentes de áreas marginales.

Durante el periodo clásico sobresalen en Mesoamérica la cultura de Teotihuacán, en el valle de México, la cultura Zapateca, en Monte Albán (Oaxaca), y El Tajín, en la costa del golfo; asimismo, se desarrolla la cultura Maya clásica, en el Petén guatemalteco.

En el área andina destacan la cultura Mochica, en la costa septentrional; la cultura Nazca, en la costa meridional; y la cultura de Tiahuanaco, a orillas del lago Titicaca.

En el periodo posclásico surge la cultura Tolteca en el área mesoamericana. Tras su destrucción comienzan a llegar el valle de México, pueblos nómadas y guerreros del Norte que, tras asimilar la cultura mesoaméricana, comienzan a levantar ciudades.

El último pueblo en llegar fue el de los mexicas o Aztecas, quienes desarrollaron un imperio que se expandió por casi toda el área mexicana imponiendo su cultura y su lengua, el nahua.

En la zona de Oaxaca, surgió la cultura Mixteca. Los mayas se desplazaron hacia el Norte, a la península de Yucatán. En el área andina, la caída del imperio Huari supuso un periodo de desarrollo de culturas regionales, hasta que llegó a la zona de Cuzco el pueblo Inca, que conquistó gran parte del área andina, imponiendo su cultura y su lengua, el quechua.

Descubrimiento y conquista de América

Dado que Portugal había cerrado a Castilla el camino oriental a la Especiería, el proyecto de Colón d llegar a ella por Occidente fue aceptado por lo Reyes Católicos.

El 12 de octubre de 1492, Colón llegó a la isla de Guanahaní (San Salvador). De ahí continuó a Cuba y La Española (Santo Domingo). A su regreso, los Reyes gestionaron ante el papa Alejandro VI la concesión de las bulas alenjandrinas que les asignaban los nuevos territorios. Desde la Española se realizaron viajes que recorrieron la costa sudamericana del Caribe (Venezuela, Colombia y Panamá) a cargo de Juan de la Cosa, Alonso de Ojeda, Américo Vespucio, Diego de Lepe y Rodrigo de Bastidas, y las grandes islas del Caribe fueron conquistadas: Cuba, Puerto Rico, Jamaica.

Se realizaron los primeros asentamientos en Tierra Firme (en el golfo de Darién), San Sebastián de Urabá y Santa María de la Antigua (1510). Desde allí partió Vasco Núñez de Balboa para descubrir el océano Pacífico (1513), que llamó mar del Sur.

Ponce de León descubrió en 1512 la Florida. En 1518, Hernán Cortés se dirigió a México, y derrotó al imperio azteca (1521, destrucción de Tenochtitlán). Tras la conquista de México, partieron desde allí nuevas expediciones a Guatemala, dirigida por Pedro de Alvarado, que se impuso a ls quichés y calchiqueles; y hacia el Norte de México. Desde Panamá, Francisco Pizarro intentó conquistar Perú.

En 1531 salió su tercera expedición y, tras la ejecución de Atahualpa, entró en Cuzco en 1533. Diego de Almagro inició la conquista de Chile, finalizada por Pedro de Valdivia. Se inició la conquista de Tierra Firme (Colombia y Venezuela), fundándose Cartagena de Indias y Santa Marta.

Jiménez de Quesada conquistó el llamado Nuevo Reino de Granada. En 1519 zarpó Magallanes desde España, en busca de un paso que permitiera llegar a las islas de la Especiería; en 1529 descubrió el estrecho de su nombre, y comenzó la travesía del Pacífico, llegando a las Filipinas. Tras su muerte, Juan Sebastián Elcano tomó el mando de la expedición y consiguió completar la primera vuelta al mundo.

En 1564, Miguel López de Legazpi partió de México para conquistar Filipinas. Con él viajaba fray Andrés de Urdaneta, para hallar la ruta que permitiera volver hacia América. Urdaneta puso rumbo al Norte, hasta llegar a la corriente del Kuro Sivo, que le llevó hasta la costa californiana, estableciendo de esa manera una ruta que comunicaba Filipinas con México, utilizada durante siglos.

El área maya, Centroamérica, el Norte de México y el interior de la selva amazónica fueron siendo poco a poco sometidas.

América colonial

España trasplantó su organización administrativa a América. En 1503 creó la Casa de la Contratación en Sevilla, encargada de los asuntos americanos, papel que asumió el Consejo de Indias tras su creación (1523).

El territorio se organizó en torno a los virreinatos de Nueva España (México), creado en 1533, y Perú, 1544, a los que se unieron en el siglo XVIII los de Nueva Granada (1717) y Río de la Plata (1776). La administración de justicia se organizó en torno a las audiencias. Desde el principio, las Indias se incorporaron a la Corona de Castilla, y sus habitantes fueron declarados súbditos. En la sociedad surgió pronto el mestizaje.

La economía se centró en un principio en la extracción de metales preciosos (oro colombiano y plata mexicana y peruana), que viajaban a España en galeones, que tuvieron que organizarse en flotas para protegerse de la piratería. Otras naciones europeas estuvieron presentes en la historia americana.

En 1500, el portugués Cabral tocó la costa de Brasil; en 1521 se fundó la feitoria de Pernambuco y se comenzó la explotación de las nuevas tierras. Inglaterra exploró las costas de EE UU y, en 1607, fundó su primera colonia en Jamestown.

Las nuevas colonias fueron lugar de refugio de los inmigrantes huidos de las persecuciones religiosas. Ingleses, franceses y holandeses conquistaron territorios en las Antillas. Francia comenzó a poblar los territorios de Terranova, Nueva Escocia y Nueva Francia, y fundó Quebec (1608) y Montreal (1643). En 1682, La Salle exploró y anexionó para Francia la Louisiana. Pero perdió ambos territorios, quedándose Gran Bretaña con los territorios del Norte, y España con la Lousiana.

América independiente

La victoria inglesa en la guerra de los Siete Años (1756-63) modificó el mapa colonial americano. Por el tratado de París (1763), Inglaterra recibió de España y Francia la Florida y Canadá, respectivamente.

El conflicto entre el Reino Unido y el deseo de autonomía de sus colonias, desembocó en la revolución norteamericana, y en la declaración de su independencia (1776). Este hecho influyó poderosamente en la América española, donde los criollos reclamaban para sí los cargos de gobierno.

La caída de la monarquía española con la invasión napoleónica provocó la constitución de juntas que se fueron transformando en focos de movimientos emancipadores: en México, Morelos e Hidalgo; en Venezuela, Miranda y Bolívar; Belgrado en el Río de la Plata, y O’Higgins en Chile.

Tras derrota napoleónica se convirtieron en movimientos independentistas. San Martín liberó Argentina, Chile y Perú; Bolivar creó la Gran Colombia (Colombia, Venezuela y Ecuador); Iturbide proclamó la independencia de México. Entre 1821 y 1824, América Central creó una república federal. En Brasil, Pedro I evitó la revolución, aceptando la corona imperial. A partir de 1825 comenzó una fase de delimitación de las entidades nacionales. La fragmentación política favoreció las intervenciones externas, económicas o políticas.

En el periodo de 1820-50, Inglaterra fue el primer exportador a Iberoamérica y también el principal mercado de la exportación iberoaméricana.

A partir de 1850 crecieron de manera progresiva las inversiones y empréstitos de EE UU, así como su interés político en la zona sustentado por la llamada Doctrina Monroe. En ella se prohibía la continuación del colonialismo en suelo americano. En la segunda mitad del siglo XIX se desarrollaron los nacionalismos diferenciadores en cada país.

La creciente estabilidad no excluyó el surgimiento de regímenes autoritarios y personalistas, apoyados por las diferentes oligarquías locales. Fue la época de los grandes conflictos continentales: final de la Guerra Grande en el Plata (1852), guerras del Paraguay (1864-70) y del Pacífico (1879-83); e internacionales: intervención europea en México y el Segundo Imperio (1861-67), y la guerra española en el Pacífico (1864-66).

América contemporánea

El fin de la guerra hispano-norteamericana (1898) supuso el establecimiento de una zona de dominio, en la que EE UU se aseguró un influjo político duradero. Éste se vio reforzado en 1903 con su intervención en la escisión de Colombia de Panamá, que le dio el control del istmo centroamericano.

Comenzaba así la fase del gran imperialismo intervencionista estadounidense que comprendió especialmente desde 1905 hasta 1916, fundamentado y justificado en el Corolario Roosevelt (1905). Se sucedieron así las intervenciones: en 1901, con la enmienda Platt a la Constitución cubana; en 1903, en Panamá y Colombia; en 1904, en Santo Domingo; hacia 1910, en Honduras, Nicaragua y Guatemala; hacia 1914, en Nicaragua, República Dominicana y Haití; en 1926, de nuevo en Nicaragua.

Sin embargo, esta política despertó ciertas reservas en algunos sectores norteamericanos y enconadas reacciones en la opinión pública iberoamericana, provocando el cambio hacia la política de buena vecindad de Hoover (1929), desarrollada durante la era de Franklin D. Roosevelt (1933-45). Paralelamente, durante este periodo se produjo la primera auténtica revolución continental de carácter popular en México (1910-11), y en 1926 la Conferencia Imperial de Londres reconoció la autonomía completa del Canadá, que se integró posteriormente en la Commonwealth.

El resto del continente vivía bajo dictaduras oligárquicas y militares, como Colombia, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Perú, Brasil y Paraguay, o intentaba una estabilidad democrática: Chile, Argentina y Uruguay.

Los dos últimos evolucionaron hacia sendos regímenes autoritarios. Tras la Segunda Guerra Mundial, los intentos de crear una alianza interestatal como mecanismo de protección contra intervenciones unilaterales comenzaron con la Conferencia Interamericana de Chapultepec (1945) y alcanzaron sus objetivos en la Conferencia de Río de Janeiro (1947) y con la fundación, en 1948, de la Organización de Estados Americanos (OEA).

El intervencionismo estadounidense, sin embargo, siguió produciéndose (Guatemala, 1954; Chile, 1973; Granada, 1983; Panamá, 1989; Haití, 1994). Muchos de los intentos de recuperación nacional, tanto económica como política, que se produjeron desde 1945, fracasaron, salvo excepciones aisladas, y acabaron ahogados bajo regímenes dictatoriales.

Los Estados iberoamericanos se vieron implicados en las tensiones internaciones y en la lucha anticomunista. El triunfo de la revolución en Cuba en 1959 abrió un periodo de revoluciones populares y movimientos guerrilleros de carácter socialista que, en algunos casos, alcanzaron el poder por la vía democrática (Chile en 1970) o mediante la fuerza (Nicaragua en 1979).

Como consecuencia, se produjo un aumento de las tensiones continentales, la implantación de numerosas dictaduras militares y un endurecimiento de las ya existentes. A finales de los años setenta se inició un proceso de liberalización política y comenzaron a reinstaurarse de nuevo regímenes de carácter civil: en Ecuador (1979), Perú (1980), Bolivia (1982), Argentina (1983), Uruguay (1985), Brasil (1985), Paraguay (1989) y Chile (1989). Por otra parte, el régimen sandinista de Nicaragua evolucionó hacia un sistema democrático y liberal en 1990 y el régimen comunista cubano se vio obligado a abrir vías de diálogo con la oposición en el exilio en la primera mitad de la década en 1990.

El mismo tiempo, se inició un proceso de recuperación económica e integración comercial (instauración del Tratado de Libro Comercio y de MERCOSUR, en 1994 y 1995, respectivamente). Posteriormente son reseñables la crisis financiera que azotó Brasil a finales de 1998; la detención de Pinochet en Londres ese año (moriría en 2006, sin haber sido juzgado); la huida a Japón del presidente peruano Fujimori (2000) o la crisis económica de finales de 2001 en Argentina.

En el subcontinente septentrional destacan la histórica derrota del PRI en las presidenciales de México (2000) y el acceso a la presidencia estadounidense de George W. Bush (2001, revalidado en 2004).

Los primeros años del siglo XXI han estado marcados por cierto giro a la izquierdas, visible en países que han renovado -revalidado, en algunos casos- sus gobiernos durante este periodo. Así ha sucedido en Brasil (Lula da Silva); Argentina (N. Kirchner); Bolivia (Evo Morales); Venezuela (H. Chávez) o Ecuador (R. Correa).

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